La ciudad inteligente constituye una oportunidad para la empresa y para la Administración, pero sobre todo para el ciudadano.
La visión de la ciudad como lugar de oportunidad y de mejora colectiva es una constante en la historia. Desde su origen las ciudades han evolucionado de acuerdo con criterios de eficiencia, progreso y sostenibilidad alcanzando el tamaño y el desarrollo que sus condiciones internas y las de su entorno les han permitido. Pero es ahora, en los primeros años del siglo XXI, en el momento en el que el planeta alcanza los 7.000 millones de habitantes con más de la mitad de ellos viviendo en ciudades, cuando las ciudades se enfrentan al desafío de la sostenibilidad global del planeta como actores fundamentales.
Si bien todas las ciudades son distintas, todas se enfrentan a los mismos retos. Ahora bien, podemos distinguir dos tipos de ciudades según la geografía económica en que se encuentren: las ciudades de los países desarrollados, con un rasgo de estabilidad y donde los proyectos de inteligencia de ciudad se enfocan sobre todo a las mejoras de servicios que ya en la actualidad son relativamente eficientes; y las ciudades de los países emergentes, con tasas de crecimiento altísimas y grandes problemas derivados de ello en temas graves como la seguridad, la exposición a los riesgos naturales, la salud, sin menospreciar problemas de mayor entidad también en ámbitos como la movilidad o el impacto medioambiental. La capacidad de las ciudades para adaptarse y superar condiciones adversas, y la sostenibilidad son los criterios dominantes en Latinoamérica, Asia y África.
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